Miguel A. Díaz Fuentes

Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Santiago de Compostela.
Especialista en Anestesiología y Reanimación desde hace 20 años, ejerciendo actualmente mi labor profesional en Santa Cruz de Tenerife.
Cuenta en Twitter: Diazolam (@MDiazFuentes)

1 ¿Qué es para Ud. la humanización?

Desde mi punto de vista, la frase “humanización en la Medicina” debería ser considerada en sí misma una redundancia. En teoría, ya nuestra profesión lleva implícito el hecho de humanizar el trato con el paciente y sus familiares, pues uno de los pilares fundamentales de ser médico consiste en esta cuestión. No sé en qué punto ambas palabras se desligaron para dar la impresión de que, en los últimos tiempos y por múltiples causas, debamos volver a retomar y asociar ambos términos en una medicina que, sin poco margen a la equivocación, está cada vez más deshumanizada.

En el ámbito que me compete, que es la Anestesiología y Reanimación, entiendo la humanización como la capacidad del profesional de proporcionar a sus pacientes la mejor de las atenciones posibles, sea en la consulta de preanestesia, en el quirófano o tras la cirugía, en la unidad de recuperación post-anestésica o en la consulta de tratamiento del dolor.

En este terreno, los anestesiólogos partimos de cierto hándicap, basado en la idea de que nuestra especialidad es “la gran desconocida” de todos los integrantes del equipo quirúrgico, además de que está muy extendido el hecho de que el paciente afirme la típica frase de que “tengo más miedo a la anestesia que a la cirugía”, precisamente por ese temor que el ser humano desarrolla con más intensidad ante lo que no conoce. A este respecto, creo que humanizar comienza en la propia consulta de preanestesia explicándole al paciente y sus familiares sus dudas respecto al plan anestésico que llevaremos a cabo, recibirlo en antequirófano presentándonos y volviendo a aclarar sus últimas cuestiones, así como proporcionándole los mejores cuidados intra y postoperatorios, sobre todo en lo que atañe al manejo del dolor, motivo de preocupación principal de casi todos los pacientes. Sin olvidarnos de regalar siempre una sonrisa, que la gran mayoría de las veces es mucho más tranquilizadora que cualquier fármaco.

 2 ¿Tiene alguna experiencia personal en el mundo de la humanización de la sanidad?

Se han desarrollado diferentes iniciativas en mi centro de trabajo encaminadas a promover la humanización y mejorar el trato con los pacientes. Desde la implantación en las cesáreas y el paritorio del contacto “piel con piel” entre madre/padre y recién nacido, hasta el proyecto de enfermería “Sueño On” que pretende mejorar el descanso nocturno de los pacientes hospitalizados. Además, la zona de recepción de los pacientes programados pediátricos que acuden a quirófano está habilitada en un lugar distinto al de los adultos, con juguetes para que los niños se encuentren en un ambiente más relajado, acompañados por supuesto por sus padres o familiares.

También se ha creado una red de personal de información,  cuyos integrantes suelen estar presentes cerca de todas las salas de espera de las diferentes áreas quirúrgicas, para comunicar a los familiares si ya ha finalizado la cirugía, si el paciente va a ser trasladado a la unidad de reanimación, o para informar del momento aproximado del alta de dichos pacientes desde esa unidad a la planta de hospitalización. Creo que esto último es de vital importancia, porque muchas veces nos focalizamos en el cuidado del paciente, pero sus familiares se quedan en la sala de espera un poco indefensos, con muchas dudas por resolver y sin que nadie les informe de lo que pasa de puertas para adentro en el quirófano.

3 ¿Cómo humanizaría el mundo de la gestión?

Creo que es una cuestión difícil de responder, pero desde el punto de vista de la gestión debemos ser conscientes que vivimos en una época en la que surgen grandes avances científicos y tecnológicos que pueden llegar a “cosificar” el trato con el paciente, así como la cada vez más frecuente súper-especialización de los facultativos dentro de su propia especialidad, que también ayuda a que esto suceda.

En este sentido, una mejor formación del profesional sanitario en temas referentes a ética y trato con el paciente, serviría de gran ayuda como paso inicial a la hora de tratar de humanizar la asistencia al mismo. Por ejemplo, una relación entre profesional y paciente que no solo se quede circunscrita a aspectos científicos/cognitivos, sino que también profundice en los aspectos afectivos de este último.

4 ¿Opina que los valores y la ética van de la mano a la hora de re-humanizar la organización?

Haciendo referencia a la pregunta anterior, creo sin lugar a dudas que los valores y los aspectos éticos son elementos clave si queremos aportar una mayor humanización en nuestra profesión, pero también es verdad que la presión asistencial en centros de salud y hospitales, el escaso número de integrantes de determinadas plantillas y la propia evolución de una sociedad de la que también nosotros formamos parte (con mayor tendencia a la individualización y a la escasa relación social) no facilita precisamente la promoción ni la enseñanza de estos valores.

5 ¿Dónde debe iniciarse la humanización?

La humanización debe iniciarse en nuestras propias mentes, mediante un cambio en el enfoque de nuestra actividad asistencial, en el sentido de dejar de ver al paciente solamente como tal, y “cambiar el chip” para caer en la cuenta de que tras su patología y su enfermedad existe un ser humano que demanda explicaciones, que desea saber qué le va a suceder a corto/medio plazo, que agradece el contacto físico de un apretón de manos o un abrazo, y que muchas veces (por no decir siempre) precisa que nos paremos un poco más con él para conversar, aunque no se trate de nada relacionado con el motivo de su estancia en el hospital. Todos estos aspectos, complementados con el resto del tratamiento, aportan desde mi punto de vista gran confianza y pueden ayudar sobremanera en la evolución clínica favorable del paciente.

6 ¿Conoce a algún personaje histórico que fuera humanizador?

Creo que me quedaría con tres, cada uno en su ámbito y en su época, aunque no estén directamente relacionados con la medicina: Mahatma Gandhi, Martin Luther King y Nelson Mandela.

7 ¿Por su experiencia como anestesista cómo cree que debería enfocar el Proyecto HUGES sus actividades?

Una impresión generalizada que se suele tener de nuestra profesión como anestesiólogos es la de que nos damos poco a conocer y cruzamos pocas frases con el paciente, pues aunque suene muy obvio, durante la mayoría de nuestro tiempo junto a ellos, el paciente suele estar dormido o sedado. Sería buena idea promover cursos y talleres que ayuden a mejorar las habilidades de comunicación médico-paciente, así como intentar ser una especialidad más abierta a la sociedad, que de manera bastante frecuente desconoce todavía hoy en día cuál es en concreto nuestra labor (de ahí el tan nombrado “miedo a la anestesia”), llegando incluso a plantearse si en realidad somos o no somos médicos.

Al final, todas las medidas estarían enfocadas a adquirir más visibilidad ante esos pacientes reacios a someterse a una intervención quirúrgica por temor a lo desconocido, así como llevar a cabo un trato más humanizado con nuestros pacientes en todo ese trayecto que transcurrirá desde que nos visita en la consulta de preanestesia hasta que es anestesiado, operado y vuelve a la habitación, tras su estancia en la unidad de recuperación/reanimación postquirúrgica.

Quisiera también enfatizar la gran labor que desarrollan los anestesiólogos especialistas en el manejo del dolor, tanto agudo como crónico, pues es quizás la rama de la anestesiología en la que más se precisa un trato humanizado, al tratar un concepto tan complicado como es el dolor.

A ellos debería dirigirse un enfoque especial respecto a las medidas a llevar a cabo en este proyecto tan importante que ustedes representan.

 

 

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